Poner cara de preocupación en un drama es el terreno de Nicolas Cage, habilidad que le dio el Oscar en 1996. Desde allí es la misma actuación además de una película mala tras otra. Eso pudo pasar con Javier Bardem en Biutiful, megadrama, larga como la cuaresma y todo pero que funciona correctamente. Desde el principio intuímos que todo acabará muy mal (piratería china, ambulantes y dealers africanos, muertos en la costa, etc.) pero la resolución es esperanzadora.

Maricel Alvarez.

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